Quinto Informe: la educación en crisis Horacio Erik Avilés Martínez

Publicado hoy a las 4:48 pm

• La educación no admite más discursos: demanda con urgencia, resultados verificables. ¡Merecemos un gobierno educador!

El gobernador entregó ayer su Quinto Informe de Gobierno con un capítulo titulado “Educación que Transforma” que describe una entidad donde el rezago educativo retrocede, los ciclos escolares concluyen sin sobresaltos y las becas alcanzan a cientos de miles de estudiantes. Ese relato convive, en el calendario de la misma semana, con protestas de egresados normalistas frente a las oficinas de la Secretaría de Educación, con un déficit reconocido de cientos de plazas docentes y con series estadísticas oficiales que muestran una matrícula que lleva tres ciclos consecutivos cayendo.

La pregunta es: si la transformación educativa fuera cierta, por qué la entidad pierde estudiantes en lugar de sumarlos y por qué las comunidades siguen exigiendo maestros que el Informe asegura haber garantizado.

El documento presentado ante el Congreso sostiene que Michoacán ocupa el primer lugar entre las treinta y dos entidades federativas en la reducción del rezago educativo, con base en una interpretación demográfica. Añade que ciento cincuenta y nueve mil personas reanudaron o concluyeron su educación básica, que más de ochocientos cuarenta y dos mil estudiantes recibieron becas educativas por una inversión histórica superior a los cinco mil setecientos millones de pesos y que, por cuarto ciclo escolar consecutivo, niños y jóvenes concluyeron íntegramente el calendario sin interrupciones.  

El capítulo celebra además ciento diecinueve quincenas pagadas puntualmente al magisterio y presenta el programa D4TA, las Escuelas de Tiempo Completo y la llegada de nuevas instituciones de educación superior como evidencia de una política educativa consolidada. Es un inventario extenso de acciones, sumas y beneficiarios que, leído de manera aislada, describe un sistema educativo en expansión sostenida.

Los propios registros oficiales de la Secretaría de Educación cuentan una historia distinta. Michoacán pasó de un millón doscientos setenta y tres mil estudiantes hace dos ciclos escolares a un millón doscientos cuarenta mil doscientos veintisiete al cierre de 2025-2026, una pérdida de casi siete mil estudiantes en un único periodo y de más de sesenta y cuatro mil en la última década, según la serie histórica de matrícula de la propia autoridad federal.  

La caída golpea de manera desproporcionada a los hombres, que representan cerca de dos terceras partes de los estudiantes que dejaron de aparecer en el sistema, y se profundiza en la educación media superior, donde la matrícula masculina pública cae hasta representar menos de la mitad del total. Ese embudo entre la educación básica y los niveles subsecuentes no es un fenómeno demográfico inofensivo. La tasa de fecundidad estatal explica una fracción menor y de efecto lento sobre la matrícula, insuficiente para justificar caídas de más de veinte mil estudiantes en un solo ciclo escolar. 

La autoridad educativa habla de un quinto ciclo escolar completo mientras admite, al mismo tiempo, que el arranque de 2026-2027 comenzó sin haber publicado el balance verificado del ciclo anterior. Ese vacío estadístico coexiste con un déficit estructural reconocido de alrededor de seiscientas veinte plazas docentes, cubierto de manera parcial con apenas quinientas cincuenta y cinco asignaciones entregadas una semana antes del inicio de clases y en un proceso que los propios egresados normalistas de Tiripetío, Arteaga y la Urbana Jesús Romero Flores denunciaron como opaco y dirigido a un perfil específico de aspirantes.  

La Unidad Estatal del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros, presentada en el Informe como garantía de mecanismos abiertos y equitativos, es la misma instancia señalada por comunidades indígenas de al menos veinte localidades por dejar preescolares, primarias y secundarias enteras sin un solo docente frente a grupo.

Cuando el Consejo Supremo Indígena de Michoacán pregunta públicamente dónde quedan los ciclos escolares completos si en sus comunidades no hay maestros, plantea con precisión la distancia entre el capítulo educativo del Informe y la experiencia cotidiana de miles de familias. 

El indicador de rezago educativo merece el mismo escrutinio: se ha demostrado hasta el cansancio que es imposible sacar personas del rezago educativo sin matricularlas. La disminución de matrícula exhibe que, menos personas en rezago educativo presentes en sus hogares cuando INEGI llama a la puerta es un fenómeno demográfico, más atribuible a la violencia, a la desaparición forzada, a los homicidios, al reclutamiento criminal, a la migración, a la falta de oportunidades de vida o al desplazamiento forzado. Más aún: un sistema puede exhibir avances en la reducción del rezago histórico entre adultos y, al mismo tiempo, formar generaciones que llegan al final de la primaria sin las herramientas mínimas para comprender lo que leen. Ambas cifras son ciertas y ambas caben en el mismo Informe, pero solo una de ellas aparece en el discurso oficial. A ese contraste se suma que el 6.1 por ciento de la población michoacana de quince años y más todavía no sabe leer ni escribir, una proporción superior al promedio nacional de 4.7 por ciento, dato que rara vez acompaña la cifra celebrada del primer lugar nacional en reducción de rezago. 

Existe además una paradoja que desmonta por sí sola el relato de una crisis resuelta. En el mismo periodo en que la matrícula caía, el número de escuelas registradas creció de 12 mil 795 a 12 mil 894 y la planta docente aumentó de ochenta y tres mil cuatrocientos noventa y tres a ochenta y tres mil quinientos treinta y nueve profesores. Más escuelas, más maestros en el papel y, al mismo tiempo, menos estudiantes.  

Esa combinación contradice la explicación oficial de una simple crisis de cobertura y apunta, en cambio, hacia un problema de fondo que el gobierno estatal prefiere no nombrar, el de miles de familias que retiran a sus hijas e hijos del sistema por razones económicas, de violencia o de desconfianza, mientras la estructura administrativa sigue creciendo como si la demanda también lo hiciera. 

El capítulo educativo insiste en la palabra beca para describir las transferencias Rita Cetina, Benito Juárez y Jóvenes Escribiendo el Futuro. Conviene precisar el término con rigor técnico. Una beca, en su definición estricta, exige dedicación de tiempo completo, condicionalidad, selección basada en mérito o necesidad verificada y un retorno esperado en forma de logro académico. Los programas que el Informe llama becas son, en la práctica, transferencias monetarias universales o casi universales que se entregan sin exigir calificaciones mínimas, asistencia comprobada ni permanencia en la escuela más allá del registro inicial. Llamarlas becas no es un matiz semántico menor. Permite presentar como política educativa exitosa lo que, en sentido estricto, constituye una política de alivio económico a las familias, loable en su propósito distributivo pero incapaz, por diseño, de garantizar por sí sola que el estudiante que cobra el apoyo permanezca aprendiendo dentro del aula.
 
Contar mal o no contar equivale a decidir no intervenir a tiempo. Cuando el gobierno estatal describe el sistema educativo con cifras agregadas que ocultan las escuelas sin director, sin supervisor de zona o con un solo maestro atendiendo a un grupo que debería compartir con más personal, traslada al azar la decisión de dónde invertir y a quién proteger. Esa opacidad tiene un costo medible en vidas concretas. Mientras la autoridad celebra supuestos ciclos escolares completos, el registro nacional de personas desaparecidas contabilizó más de doscientas niñas, niños y adolescentes desaparecidos en Michoacán en un solo año, y la entidad se ubicó en primerísimo lugar con el mayor número de homicidios infantiles y adolescentes del país: 220 en 2025 y 152 en el periodo enero-julio de este año.  

Los daños del abandono escolar, del reclutamiento y del rezago de aprendizajes se detectan años después de ocurridos, cuando ya resultan irreversibles para esa generación. La simulación estadística es una forma de corrupción institucional que sustituye la rendición de cuentas por el anuncio triunfal, que administra la narrativa en lugar de administrar el problema y que, al maquillar el abandono con la palabra beca o con el adjetivo completo aplicado a un ciclo escolar que en los hechos expulsó a miles de estudiantes, impide que los recursos públicos lleguen a quien realmente los necesita.  

La Secretaría de Educación del Estado, además, permaneció dos meses sin titular durante el tramo más crítico de este arranque de ciclo escolar, un vacío de conducción política que agrava la opacidad y que ninguna cifra del Informe menciona.
Michoacán necesita que la Secretaría de Educación publique, en un plazo perentorio y de manera desagregada por municipio, nivel educativo y sexo, el balance verificado de cada ciclo escolar. Necesita que la asignación de plazas docentes se realice con listas de prelación públicas y auditables y un plan multianual que cierre de manera estructural la brecha entre jubilaciones y egresados normalistas, en lugar de resolverla por goteo político días antes de cada arranque de clases. Necesita, sobre todo, que el indicador de rezago educativo se acompañe siempre de los resultados de aprendizaje medidos en el aula, y que ninguna transferencia económica se presente como beca sin especificar con honestidad su naturaleza y sus límites. 

Es el momento de abandonar el lenguaje de la simulación y de brindar a Michoacán la verdad completa de su sistema educativo, con cifras verificables y sujetas a escrutinio público. Es urgente que las autoridades expliquen, con datos y no con consignas, dónde están los estudiantes que ya no aparecen en la matrícula y cuándo se cubrirán las plazas docentes que hoy mantienen aulas sin maestro. Es trascendente mantener la exigencia pública, porque solo la vigilancia sostenida de la ciudadanía puede transformar un informe triunfal en una política educativa que efectivamente transforme la vida de los niños y jóvenes de Michoacán.  La educación no admite más discursos: demanda con urgencia, resultados verificables. ¡Merecemos un gobierno educador!
 
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*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

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